miércoles, 13 de diciembre de 2006

¿Un mundo feliz? de Aldous Huxley

Para comenzar este primer comentario que hago en el blog, me gustaría dar las gracias a mi gran amigo Roberto. En primer lugar por prestarme el libro del cual voy a realizar mi primera crítica, hecho especialmente trascendente si tenemos en cuenta que la idea se gestó a raíz de la novela, y en segundo, por hacer posible técnicamente que este blog pueda comenzar con éxito.

La novela, de forma visionaria, anticipa el desarrollo de nuestro mundo dando como resultado una sociedad basada en la tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia (adoctrinamiento por voces grabadas que repiten lemas mientras se duerme) que, combinadas adecuadamente, “fabrican” la sociedad feliz. El mundo aquí descrito podría de hecho ser también una utopía, aunque irónica: La humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente. Los humanos se cultivan según las necesidades de la sociedad. Se han erradicado la guerra, la pobreza, la vejez y las enfermedades y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la ironía es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la reproducción vivípara, la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión y la filosofía. En definitiva, todas aquellas cosas que hacen de nuestra sociedad un universo de diversidad y riqueza cultural.

La novela desarrolla su trama en una época futura donde las personas son incubadas y predestinadas desde que nacen para pertenecer a diferentes castas. Cada casta está destinada a realizar ciertas tareas: los Alfas son la casta superior, por lo que realizan los trabajos que requieran de más inteligencia, mientras que los Epsilones son intencionadamente atrofiados, para controlar su nivel de inteligencia y desarrollo físico, y de ésta forma llevar a cabo los trabajos más duros y arduos. Las personas, por lo tanto, son diseñadas para ocupar sus trabajos, en vez de ocupar trabajos diseñados por personas. A pesar de ello, todo el mundo es feliz, porque, desde su misma concepción, los embriones han sido condicionados y, desde que nacen, a los pequeños se les realiza hipnopedia mientras duermen para convencerles de las ventajas de pertenecer a ese mundo y a sus castas; porque todas sus necesidades están satisfechas y porque en caso de sentirse mal tienen a su disposición el soma, una droga que es entregada por el Estado.

Todo el planeta está unido como un estado mundial, bajo un gobierno pacífico que ha eliminado la guerra, la pobreza, el crimen y la infelicidad al crear una sociedad de alta tecnología homogénea para todo el mundo, adquiriendo un estatus semi-religioso basado en los principios industriales de Henry Ford. El Fordismo forma la piedra angular de la nueva sociedad y la columna vertebral de la su forma de pensar.

El punto clave de carácter moral del libro gira alrededor de dos problemas diametralmente opuestos. El primero, y el más obvio, es que para asegurar una felicidad continua y universal, la sociedad debe ser manipulada, la libertad de elección y expresión se debe reducir, y se ha de inhibir el ejercicio intelectual y la expresión emocional. Los ciudadanos son felices, pero esta felicidad es artificial. A través de uno de los personajes, se nos muestra que la salida para aquellos individuos que se plantean esta “vida feliz” y no aceptan el orden impuesto es el destierro a un lugar donde podrán ejercer su derecho a ser infelices si lo desean. El libro, por tanto, plantea al lector el hecho de que el dolor y la angustia son parte tan necesaria de la vida como la alegría, y que sin ellos, poniéndolo en perspectiva, la felicidad pierde significado alguno.

El segundo problema presentado en la novela es que la libertad de elección, la inhibición de la expresión emocional y la búsqueda de ideas intelectuales resultan exitosas en la ausencia de la felicidad. Dado que todos los individuos de la sociedad están condicionados desde su nacimiento bajo hipnopedia y mas tarde por una fortísima presión social, nadie en realidad actúa de forma libre y espontánea. Todos los comportamientos y demostraciones de emoción se saben de antemano, y bajo esta escalofriante realidad la búsqueda del conocimiento científico es oprimida bajo el pretexto de que el progreso conlleva la inestabilidad social, y ésta en último término conlleva la destrucción del mundo.

En otros temas, el libro ataca la producción del ensamblaje en línea como humillante; la liberación de la moral sexual es calificada como una afrenta contra el amor y la familia. Mientras Huxley ataca el surgimiento de las actitudes socialistas y comunistas, también se opone a la sociedad consumista y capitalista.

La novela, durante los primeros compases resulta apasionante, enganchando poderosamente al lector mientras va descubriendo la sociedad que premoniciona Huxley. Es interesante cómo el libro transmite una sensación de profunda frialdad y de no identificación con éste mundo descrito, como si Huxley buscase a propósito el rechazo del lector hacia esta sociedad desnaturalizada y artificial. Esta parte, es quizás la que más inquietud y curiosidad despierta. Pero cuando acaba la descripción detallada de la sociedad, como a mitad de novela, y ésta comienza a centrarse en el periplo del protagonista, empieza a tornarse tediosa y en algunos capítulos soporífera. El hilo argumental de la segunda parte carece en algunos aspectos de conexión con la narración de la primera. Solo al final, cuando se nos desvelan los motivos del arquitecto del mundo feliz, vuelve a cobrar el interés de la primera parte.

En conclusión, merece la pena leer el libro, ya que hace reflexionar sobre el hecho de que nuestras sociedades no son tan distintas como parece. En el mundo feliz están condicionados desde su nacimiento a no poder llegar a ser mas de lo que dicta su casta, como en éste mundo lo estamos por razón de sexo, raza o religión, o del lugar donde tengas la suerte de nacer. En el mundo feliz están sometidos por una enorme presión social donde lo “distinto” es oprimido, y en nuestro mundo este mecanismo de presión social funciona con la misma eficiencia, sobre todo en las sociedades mas capitalistas, donde lo “socialmente aceptado” opera como mecanismo básico de integración.

Por lo tanto, hay que plantearse si de alguna manera, nosotros también somos esclavos en nuestro mundo.

Nota: 5

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ey, muy bueno, a ver si poneis mas criticas constructivas, k nunca viene mal recomendaciones bien fundadas

Un saludo